Si bien los símbolos de los días del calendario prehispánico eran veinte, también había una serie paralela de 13 días que generalmente se escribían como los primeros 13 números naturales.
En lengua náhuatl estos eran los trece números:
Uno ce
Dos ume
Tres eyi
Cuatro nahui
Cinco macuil
Seis chicuace
Siete chicume
Ocho chicueyi
Nueve chicnahui
Diez matlac
Once matlacce
Doce matlacume
Trece matlacueyi
Estos trece números, comenzando por la unidad, se combinaban uno a uno con los veinte símbolos y se obtenía una serie de 260 pares de numerales-símbolos.
A esta serie de 260 combinaciones se le llamaba tonalpohualli. Los mayas conocieron esta cuenta con el nombre de tzolkin.
Si gustan pueden hacer el siguiente ejercicio para obtener las 260 combinaciones numérico-simbólicas:
Primero: Hagan una lista de 260 números.
Segundo: Coloquen al lado derecho de dicha lista 20 series de trece números comenzando por la unidad
Tercero: Al lado derecho de las series trecenales coloquen y escriban 13 series de la veintena comenzando por el cocodrilo.
Cuarto: Ahora ya tendrán las 260 combinaciones. La primera es uno-cocodrilo y la última trece-flor.
Etimológicamente tonalpohualli significa el cómputo de los días, pero específicamente esta asociado al cómputo infinito de las series de los 260 días.
Esta serie se repetía interminablemente y se anotaba en papeles o se esculpían en piedras los números de series que se iban dando hasta completar ciclos de cierta cantidad de ellos que, como más adelante se verá, servían para estructurar los movimientos y las conjunciones de ciertos astros celestes como el Sol, la Luna y algunos planetas como Venus.
El tonalpohualli era, antes que otra cosa, un almanaque para seguir el curso de los días en función de la astronomía. Las asociaciones esotéricas, que ahora están muy de moda en los diferentes medios de comunicación, son solo interpretaciones subjetivas y si en un momento los pueblos prehispánicos hacían predicciones utilizando este almanaque fue porque se perdió, en un tiempo, su antecedente astronómico haciendo de él un instrumento astrológico.
Espero que lo anterior no los decepcione, mas a cambio les ofrezco una interpretación que a mi parecer rebaza la comprensión humana en el sentido de cómo nuestros antepasados lograron inventar un calendario tan perfecto que se remonta a 5000 años de antigüedad según las fuentes más conservadoras, y a mucho mas de 26 mil años según la investigación a la que me he dedicado a lo largo de mis últimos 20 años de vida.
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